La buena educación

La Buena Educación ganó  en descrédito y las normas curriculares se fijaron sin la delicadeza íntima de los buenos sentimientos. Nos educaron para ser el más listo de la clase o para saber la lección de memoria siempre con la tosquedad de nuestro exiguo  repertorio humano. Así de humanamente pobres hemos crecido.

No nos educaron por ejemplo para amar en letras mayúsculas.  El amor es hoy un primitivo resquicio desgastado, indiferente y pasajero, una palabra de uso trivial que banaliza las relaciones humanas. No nos educaron para perdonar; no nos educaron para escuchar al Otro ni para ser buenos ciudadanos  con todas las letras de la Ley, respetándonos y sabiéndonos respetados.  Sí nos educaron para conseguir hacer un máster, para ir de Erasmus o para doctorarnos. No nos hablaban de la Sensibilidad en clase de Arte o Literatura ni nos preguntaban por qué misteriosa razón un cuadro o un poema nos causaba con sus  luces y sus sombras tal o cual emoción. Rara vez nos hablaban de la vida.

Y en la vida, valiendome de una metáfora machadiana, siempre es peligroso tener por moneda de cobre…el oro de ayer cambiado. Más nos valiese invertir la operación y cambiar tanta rimbombante titulitis en marcos de cobre relucientes, por PERSONAS  íntegras, hechas de un “material” fuerte y noble,  que sepan cómo afrontar el mundo de verdad y cómo  dar en él  lo mejor de sí  mismas. Muchos de los buenos educadores de hoy en día ya están manos a la obra. El futuro lo merece.

USUE MENDAZA

Bibliografía: La educación sentimental de Julián Marías

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