La mala educación

Sobre cualquier hecho espontáneo, sobre el magnetismo de los impulsos se posa siempre la realidad. La espontaneidad ha ganado en descrédito y las normas se fijan sin la delicadeza íntima de los buenos sentimientos. Nos educaron para ser el más listo de la clase o para saber la lección de memoria siempre con la tosquedad de nuestro exiguo  repertorio humano. Así de emocionalmente pobres hemos crecido.

No nos educaron para amar. El amor es hoy un primitivo resquicio indiferente y pasajero, una palabra de uso trivial que banaliza las relaciones humanas. No nos educaron para perdonar, para saber cuándo pedir ayuda o para cómo escuchar ni para ser ciudadanos de pleno derecho con todas las letras de la Ley, respetándonos y sabiéndonos respetados.  Sí nos educaron para conseguir hacer un máster, para ir de Erasmus o para doctorarnos. No nos hablaban de la sensibilidad en clase de Arte o Literatura ni nos preguntaban por qué misteriosa razón un cuadro o un poema nos causaba con sus  luces y sus sombras tal o cual emoción. Rara vez nos hablaban de la vida.

 

Ya lo decía sabiamente Antonio Machado que era peligroso tener por moneda de cobre…el oro de ayer cambiado. Más nos valiese, invertir la operación y cambiar el cobre por oro, tanta titulitis en marcos relucientes no apta para la vida real por PERSONAS más íntegras   que en eso consistiría, valiéndome de la metáfora machadiana,  la educación sentimental.

USUE MENDAZA

Bibliografía: La educación sentimental de Julián Marías

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