La Grandeza

La palabra “grandeza” le sugería en sus escasos ratos de reflexión un campo muy fértil y abierto aunque dificilísimo de abarcar, una especie de inmenso pero tempestuoso océano de buenas obras que le señalarían el camino correcto a seguir a partir de aquel día subrayado en el calendario. Sentía que ya había defraudado a demasiadas personas y amigos con sus artimañas propias de un banquero reputado situado en la cresta de la ola. Pero las olas, como el éxito o la suerte, no duran eternamente. Y siempre son, en longitud y en fuerza, distintas las unas de las otras.

Tomaría como modelos a imitar a personas indiscutiblemente importantes en su vida. A su idolatrada madre, (su reconciliación era ya un tema tabú), que había representado para él un ejemplo de mujer honesta, sincera, agradecida, muy valiente pero sobre todas las cosas, con un corazón que se le salía por los costados.

En cuanto a sus hijos, ya había aceptado el hecho de que todos vivían desperdigados y que el acercamiento, y más en esas fiestas navideñas, sería una tarea titánica, una especie de David contra Goliat; digamos, por contra, que siempre albergaba la esperanza de una llamada telefónica aunque sólo fuera por compromiso.

Comprometido como estaba con su noble causa, se preguntaba: ¿Qué es ser una gran persona?. ¿Qué hace que una persona merezca ser nombrada como tal?. Quizá negando la pregunta, encontraría una respuesta, aunque ésta fuese velada, por lo que también se preguntaba : “¿Qué es lo que nunca haría una gran persona?”. Sin dificultad y de manera machacona le venía entonces la respuesta, y no precisamente la más balsámica para su ya atribulada mente: ” Jamás una gran persona haría daño a otra.”

USUE MENDAZA

LA GRANDEZA

Desde una perspectiva imaginativa, abierta y crítica, con un lenguaje sencillo pero poético y henchido de profunda significación, intento abordar el sustantivo que tanto me interesa y que me ocupa. Mi motor es  sencillo. Simplemente, ¿cuál ha sido mi persuasión?. ¿Cuál mi motivación? Sin lugar a dudas, su sentido y significado pero sobre todo el minoritario uso que de él se hace en la Lengua.

Mi objetivo, logrado o no, será tratar la Grandeza, a través de un abordaje totalmente transversal y meticuloso en los matices, entendiendo la transversalidad y éstos últimos, como particularidades inherentes a la vida misma.  Dos más dos son siempre cuatro pero nunca el negro logra ser totalmente negro ni el blanco diáfanamente blanco.

Un término tan amplio y atractivo como éste, exige un estudio completo, ecuánime y vigilante de los aspectos que le convierten en una palabra tan llena de razón, de responsabilidad y de hondo sentido; una palabra luminosa, que se hace indispensable en una Sociedad (cívica, política y educativa) en la que la corrosión de las bondades está tan libremente extendida y en la que se han cuestionado tan a la ligera (cada vez menos), los actos delictivos y punibles en un ámbito de permisividad tanto personal o “doméstica” como pública.

En primer lugar ¿qué es ser una gran persona?. ¿Cuál es su meritocracia, si es que la tiene en una sociedad tan poco acostumbrada a ganarse los méritos con el sudor de su frente?. Y en segundo término, ¿queremos convertir a nuestros hijos en grandes personas?. Entiendo rotundamente que sí. No olvidemos que sin Educación no hay futuro. Pero la pregunta es también recurrente ¿cómo abordar desde los padres y los educadores, tan insigne tarea en una esfera tan limitadora y asfixiante por su continuo tira y afloja?. Hacer equipo se torna indispensable. Y finalmente, ¿va ligada la evolución no ya sólo genética sino también histórica y sociológica a la grandeza humana?. ¿Qué decir del Desarrollo?. Es más. ¿Qué también de su doble distinción, es decir del desarrollo personal (bienestar de uno) y del colectivo (Bien común)?. Podríamos pensar que sin el uno no existe el otro y viceversa.

De todas formas y  siendo el desarrollo propio de sociedades modernas y avanzadas e impropio de aquellas ancladas en los errores o en las equivocaciones del pasado, admitamos que  la involución o el retroceso en un proceso evolutivo nunca hizo ni hará grande a la Humanidad. Los adelantos (científicos, médicos, sociales etc) son consustanciales con el progreso de grandes personas; en virtud de lo cual, las grandes personas tienen perfectas facultades, proclives a mirar con plena confianza hacia un desafiante (no lo olvidemos) pero prometedor futuro.

Grandeza, Modernidad, Desarrollo, Evolución, Humanidad, Futuro, son todas ellas elocuentes y grandes palabras, que destilan un valioso significado semántico y que resuenan maravillosamente a nuestro amaestrado oído, tal vez  no tan acostumbrado a ecos o sonidos tan bonhomes sino desgraciadamente a todo lo contrario.

He de reconocer que siempre me han atraído las grandes palabras. Sucede como si ellas de un lado y yo por el otro, estuviéramos en un campo magnético imantado donde ejercieran sobre mí una fuerza sobrenatural y telúrica hasta enredarme en una vigorosa telaraña. Y no es que me sienta sin respiración o atrapada como lo estuviera un topo. Los animales siempre viven más cómodos y libres en su hábitat natural.  Mi hábitat personal de libertad es la palabra “grandeza”. La razón… muy simple.  Quiero denostar el uso trivial o vulgar de las palabras en un habla o lenguaje cotidiano continuamente asaltado por un exiguo, pobre y rancio vocabulario, desde gritos y sandeces,  hasta los bulos o las fake news, pasando por oraciones inacabadas, sin poética ni armonía ni sentido que valgan. Desde el Homo Sapiens el Lenguaje es nuestra más universal y milenaria herencia. Pensemos que la palabra es el arma arrojadiza o el proyectil más barato y con más fuerza del mundo ; que se lo digan a Gandi que generó una auténtica revolución.

Aprovecho que estamos en 2019, el Año internacional de las Lenguas indígenas declarado por la ONU, para reivindicar la gran importancia de las palabras que escasamente menos se utilizan, bien porque su uso no está extendido por la masa (siempre tan hábil en imitar al otro), bien porque emplearlas pudiera parecer, en una visión distorsionada (siempre corregible), de lo más esnob o cursi.

Y sin embargo, cuando algún alma única, inteligente y despierta no hace caso de la corriente y decide, hablar o expresarse con la mayor de la elegancia y de la pericia, es decir con adecuación a registro, sus frases resuenan como si un ángel con arpa venido del cielo las sostuviera, como si las gritara a sotto vocce, el tenor con la voz más penetrante de la tierra. El misterio latente de por qué una palabra con hondo sentido no se utiliza con asiduidad, debe cuando menos intrigarnos. Quizá fuera porque el vasto reino de las palabras en el yermo feudo de los hablantes, cuenta con sus propias leyes ( las ideas se expresan de una forma rácana y breve, rápida y desordenada, superficial y sin elocuencia) o tal vez porque la gente no se preocupa de si habla o no habla adecuadamente o porque no lee con cierta costumbre, de ahí que esté cómoda con el viejo, encorsetado, estrecho y rácano traje que reviste su vocabulario. Y sin embargo la riqueza de las palabras es infinita. Digamos que hay palabras misteriosas, íntimas, reales, imprecisas, ingrávidas, perennes, también caducas. Las hay ágiles, perezosas, inconformistas, peligrosas. O   como escribiera la poeta Ida Vitale, las palabras pueden ser airosas, aéreas, airadas, ariadnas.

La palabra “grandeza” podría ser paradójicamente silenciosa (dicen que las buenas obras lo son) y al mismo tiempo grandisonar como un inesperado vendaval. Para mí es una palabra sencillamente bonita y bella. Y siempre, qué se le va a hacer, he sentido debilidad por las que lo son.

USUE MENDAZA


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